LMT #146: Cordón Industrial Cerrillos – Maipú, Santiago, Chile – Marco Lagos Catalán




El gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) fue un momento de enorme intensidad política y social. La llegada de Salvador Allende a la presidencia abrió para amplios sectores del pueblo la posibilidad de transformar el orden existente. Procesos como la reforma agraria y las tomas de terreno se aceleraron, al tiempo que surgían nuevas formas de organización desde abajo. Entre ellas destacaron las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios (JAP) y los Cordones Industriales, que, en medio de la ofensiva empresarial, coordinaron la defensa de la producción y promovieron formas de control obrero. En estas experiencias se expresó lo que el historiador Peter Winn denominó una “revolución desde abajo”.

Una de sus expresiones más significativas tuvo lugar en el suroeste del Gran Santiago. Cerrillos-Maipú albergaba crecimiento industrial, organización sindical y fuertes carencias urbanas. A comienzos de los años setenta se estimaban unos 46 mil trabajadores repartidos en cerca de 250 industrias, entre ellas Perlak, FENSA, CIC, Fantuzzi y Polycron. La organización sindical también crecía con rapidez: cerca de una quinta parte de los sindicatos de la zona se había formado entre 1971 y 1972. El cordón se extendía, además, sobre un territorio donde ciudad y campo todavía se mezclaban, y desde las zonas rurales cercanas provenían trabajadores y productos que abastecían Santiago.

Durante 1972, la articulación de este entramado adquirió una expresión territorial más amplia. En el primer semestre aumentaron las protestas por locomoción, salud, vivienda y otros problemas urbanos. Marchas y bloqueos confluyeron en un Cabildo Abierto que congregó entre 300 y 400 personas de sindicatos, campamentos, organizaciones campesinas y juntas de vecinos. Allí surgió la idea de crear un Comando Comunal para coordinar a las organizaciones del territorio, acercando el mundo de las fábricas con pobladores y campesinos. La movilización también crecía en los lugares de trabajo: durante 1972 se registraron 63 huelgas en la zona, 55 industriales y 8 rurales.

En junio, las movilizaciones en Perlak, Polycron y Aluminios El Mono, entre otras industrias, marcaron un nuevo momento. Varias huelgas y tomas comenzaron a coincidir, mientras aumentaban las reuniones entre trabajadores de distintas empresas. De ese proceso surgió el Comando Coordinador de las Luchas de los Trabajadores de Cerrillos-Maipú, que en pocas semanas reunió a más de una veintena de industrias. Parte de los conflictos se vinculaba con la demanda de incorporar fábricas al Área de Propiedad Social (APS), sector de la economía que el gobierno buscaba poner bajo control estatal. A fines de junio, el cierre de los accesos a la comuna por parte de los trabajadores llevó al ministro de Economía decretar la requisición para intervenir algunas industrias en conflicto. La presión desplegada lograba así incidir sobre las decisiones del gobierno y los conflictos comenzaban a encontrar respuestas a escala territorial.

Estas dinámicas anticipaban varios rasgos de los cordones industriales: la coordinación entre fábricas, las asambleas de delegados y una acción que desbordaba los conflictos laborales. Cada fábrica conservaba cierta autonomía, aunque existían espacios comunes de coordinación, circulación de boletines y discusión política. Esa articulación permitía vincular la defensa de la producción con problemas cotidianos como el abastecimiento y el transporte.


Sin embargo, no existía una mirada única sobre cómo actuar: militantes comunistas, socialistas y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria convivían en estos espacios y discutían sobre los métodos, los tiempos y los objetivos de la movilización.


Uno de los principales problemas fue la distribución. Aunque distintas fábricas lograron sostener la producción en medio del boicot y las paralizaciones, los trabajadores seguían teniendo escaso control sobre buena parte del circuito comercial. En Perlak, por ejemplo, los trabajadores denunciaban que cada mes salían de la fábrica más de un millón de unidades de salsa de tomate y decenas de miles de sopas, mientras esos mismos productos escaseaban en las poblaciones o reaparecían en el mercado negro. El problema estaba también en la estructura de distribución: incluso con una mayor presencia estatal, el sector público controlaba solo una parte del sistema, en torno a un 25 o 30 %, dejando amplio espacio para la especulación. Frente a este problema, comenzaron a ensayarse ferias populares, ventas directas y formas de coordinación con las JAP, organizaciones barriales y campesinos cercanos.

El paro empresarial y de camioneros de octubre de 1972 llevó esta situación a un nuevo nivel. La paralización del transporte y el comercio agravó el desabastecimiento y puso a prueba las formas de organización construidas. En Cerrillos-Maipú numerosas fábricas fueron ocupadas y se organizaron turnos para mantener la producción. La “Batalla por la Producción” pasó así a formar parte de la vida cotidiana de las fábricas. También surgieron respuestas frente a la escasez, como la distribución de alimentos, la producción de caldo y las ventas directas. Pero el paro mostró también los límites de estas iniciativas: sin controlar el transporte ni buena parte de las redes comerciales, mantener las fábricas funcionando no bastaba para asegurar que los productos llegaran a la población.

Tras el paro, uno de los conflictos más persistentes fue el destino de las empresas intervenidas u ocupadas. Muchos trabajadores esperaban que pasaran al APS, mientras el gobierno buscó limitar el proceso y devolver algunas a sus propietarios o encauzarlas dentro del programa de la Unidad Popular. Esta tensión atravesó a las propias organizaciones de trabajadores. Uno de los principales puntos de fricción apareció con la Central Única de Trabajadores, cuya conducción defendía una estrategia más cercana al programa gubernamental y observaba con cautela organizaciones que podían escapar al su control. Dentro del cordón coexistían distintas posiciones sobre hasta dónde avanzar y cómo relacionarse con el gobierno. En ese sentido, Cerrillos-Maipú expresó las disputas sobre el rumbo de la vía chilena al socialismo y la tensión entre una revolución “desde arriba” y otra “desde abajo”.

Durante 1973, la coordinación territorial buscó estrechar vínculos con otras zonas industriales, sin embargo, el golpe de Estado del 11 de septiembre puso fin de manera violenta a esa experiencia. Desde las primeras horas, fuerzas militares ocuparon el sector industrial de Cerrillos-Maipú y controlaron accesos y vías de circulación. Según el testimonio de Guillermo Rodríguez, hubo intentos de resistencia en Perlak y Fensa. En esta última, carros blindados participaron en el operativo y, al día siguiente, efectivos militares abrieron con explosivos un acceso a la fábrica antes de sacar del recinto a 109 trabajadores con las manos en la nuca. Allanamientos, detenciones y ocupaciones militares se repitieron en otras industrias. La Feria Internacional de Santiago (FISA), en Cerrillos, funcionó como centro de detención durante septiembre y octubre de 1973. También fueron utilizados otros recintos, como la Medialuna y el Gimnasio Municipal de Maipú. La represión ocupó así el mismo territorio que había dado vida al cordón, transformando espacios cotidianos de encuentro en lugares de detención e interrogatorio.

La destrucción de estas redes no significó el fin de toda organización territorial entre los trabajadores. Durante la dictadura surgieron en Maipú intentos por reconstruir vínculos sindicales, entre ellos la Federación Sindical de Maipú (FESIMA). En ese mismo territorio, el Sindicato Industrial N.º 1 de Goodyear protagonizó en 1979 una de las primeras huelgas que enfrentaron el nuevo Plan Laboral.

En las décadas siguientes, la experiencia de los cordones fue recuperada mediante investigaciones, conmemoraciones y expresiones culturales. La obra Cordones Industriales, de la compañía Tarea Urgente, es una de las iniciativas que ha llevado esta historia nuevamente al espacio público desde el teatro. También su nombre volvió a aparecer en ciclos recientes de movilización. Durante la Revolución Pingüina de 2006 surgieron “cordones estudiantiles” para coordinar establecimientos por comunas y zonas de Santiago; y en octubre de 2019 distintas asambleas territoriales articularon “cordones de asambleas” o “cordones de cabildos”. No se trataba de una continuidad directa con los cordones industriales de los años setenta, sin embargo, estas experiencias volvieron a poner en circulación una forma de organización levantada desde los territorio. Más de medio siglo después, esta experiencia sigue abriendo preguntas sobre las formas de organización popular, su relación con el territorio y, sobre todo, hasta dónde podía llegar aquella revolución construida ‘desde abajo’.

Robert Moss, El experimento marxista chileno, 1974. Santiago de Chile : Gabriela Mistral.


PARA MÁS INFORMACIÓN:

Salgado, Xaviera (2019). “Organización política y sociabilidad popular: Cordón Industrial Cerrillos‑Maipú y el paro de octubre de 1972”. En Se levanta el clamor popular. Experiencias del pueblo organizado durante el gobierno de los mil días 1970‑1973. Concepción: Talleres Sartaña, pp. 125‑157.
Henríquez, Renzo (2014). “Industria Perlak ‘Dirigida y controlada por los Trabajadores’. Desalienación obrera en los tiempos de la Unidad Popular, 1970–1973”. Revista Izquierdas, n.º 20, pp. 52–77.
Castillo, Sandra (2010). “Sociabilidad y organización política popular: Cordón Industrial Cerrillos-Maipú”. Cuadernos de Historia, n.º 32.
Gaudichaud, Franck (2016). Chile 1970–1973: mil días que estremecieron al mundo. Poder popular, cordones industriales y socialismo durante el gobierno de Salvador Allende. LOM Ediciones.
Cordero, M. C.; Sader, E.; Threlfall, M. (1973). Consejo comunal de trabajadores y cordón Cerrillos-Maipú: Balance y perspectivas de un embrión de poder popular. Documento CIDU.
Silva, Miguel (1990). Los cordones industriales y el socialismo desde abajo. Ediciones Documento ILIDE.
Documentário: La Batalla de Chile (Parte II). Dir. Patricio Guzmán, 1976.


Crédito de la imagen de portada: Trabajadores de Cobre Cerrillos marchan portando carteles del Cordón Cerrillos y de “Cobre Cerrillos Intervenida Presente”. Santiago, 1973. Fuente: Armindo Cardoso, Cordón Cerrillos, 1973. Negativo monocromo, gelatina sobre acetato de celulosa, 6 × 6 cm.